EL REGADÍO, ELECTROCUTADO



El pasado 21 de noviembre, las Organizaciones Agrarias, las Cooperativas Agrarias y la Federación Nacional de Comunidades de Regantes celebraron una Manifestación en Madrid para hacer ver al Gobierno el problema que supone para el campo la desmesurada subida de los costes eléctricos (más del 70%) de los tres últimos años, tras la desaparición de la tarifa especial de regadío. Es difícil de entender que este Ejecutivo, que tanto afán y tanta preocupación manifiesta por la Economía Sostenible, y que incluso ha trabajado en un proyecto de Ley en este sentido que próximamente entrará en fase parlamentaria, muestre tan poca sensibilidad hacia la sostenibilidad de un sector como el agrario, cuyos esfuerzos por favorecer un desarrollo más competitivo y respetuoso con los recursos naturales pueden verse ahogados por ese incremento de la factura eléctrica.
Durante estos últimos años desde la propia administración y desde los mismos órganos de representación del regadío, también desde la Asociación de Comunidades de Regantes de Andalucía (Feragua), hemos realizado un gran esfuerzo por concienciar a los regantes de la necesidad de ahorrar agua y mejorar las infraestructuras para poder propiciar un modelo de crecimiento más sostenible y competitivo. La consecuencia de ello ha sido una apuesta sin precedentes por la modernización, compartida a pulso por la administración y por los regantes, y dirigida al esfuerzo de optimizar el uso de los recursos hídricos y diversificar hacia cultivos de mayor valor añadido. Sin embargo, lo que suponía que debía ser la salvación del sector es paradójicamente lo que ahora lo está “matando”, pues los sistemas de riego más eficientes son también los de mayor consumo energético. De modo que el agricultor se siente en medio de una especie de fuego cruzado: de un lado, tarifas más altas como consecuencia de la supuesta liberalización del mercado; de otro, mayor gasto por los nuevos sistemas de riego; y en tercer término, un fuerte endeudamiento provocado por la financiación de esas inversiones. Y todo ello en un externo de crisis del mercado y de caída de los precios agrícolas.

La metáfora que utilizamos en la Manifestación de Madrid no puede ser más elocuente: al regadío lo están electrocutando. Y lo más hiriente de todo, como decía antes, es que llega a esta situación por su esfuerzo para hacerse sostenible, que ahora lo coloca en una situación de manifiesta insostenibilidad, ante la falta de recursos y capacidad de un Gobierno, mucho más interesado, según parece, en los grandes gestos y proclamas que en la solución rápida, eficaz y discreta de los problemas que frenan ese modelo de desarrollo en el que nadie en su sano juicio puede dejar de creer: un desarrollo más competitivo, más innovador y más ecoeficiente en el uso de los recursos naturales.

A nosotros nos gustaría que la agricultura tuviera un Ministerio propio, pero realmente lo que más nos preocupa es que el trato que se le dé al regadío sea coherente con la importancia económica, social, demográfica y medioambiental de un sector que produce el 2% del PIB del conjunto de España y da empleo al 4% de la mano de obra ocupada, porcentajes que en Andalucía suben al 3,8% y 8%, respectivamente, siendo el complejo agroindustrial el primer subsector industrial de Andalucía. Por eso, si la economía sostenible del Gobierno pasa por preocuparse únicamente de unos cuantos sectores, los llamados sectores emergentes, para ignorar y olvidarse de los problemas de los llamados sectores tradicionales, y particularmente de la agricultura, nosotros, desde Feragua, no creemos en esa clase de economía sostenible.

Entendemos más bien que las políticas deberían ir por otros derroteros, y que a la economía sostenible no llegaremos arruinando a los “sectores tradicionales”, sino logrando que todos incorporen los valores de la innovación, la modernización tecnológica y la sostenibilidad. Eso es justamente lo que estaba tratando de hacer el regadío, y lo que desde luego no va a poder seguir haciendo si no se arbitran soluciones -y urgentes- a este gran problema de la subida de la factura eléctrica. Lo que puede ocurrir, en caso de que estas soluciones no lleguen, es que las inversiones en modernización ya contempladas y acordadas con las comunidades de regantes y previstas en presupuesto público, se queden sin ejecutar, ante el temor de los regantes de que esas inversiones los conduzcan a la inviabilidad de sus explotaciones. Y lo que puede ocurrir incluso es que en algunas zonas se vuelva a los sistemas de riego de antes, ante la imposibilidad de asumir los mayores consumos eléctricos de los sistemas más avanzados.

El Gobierno tiene, por tanto, ante sí, la oportunidad de demostrarle al regadío que su apuesta por la sostenibilidad no sólo tiene un contenido real y es efectiva, sino que esa apuesta comprende también a la agricultura y en general a todo el sistema productivo, y no únicamente a unos cuantos sectores, los llamados emergentes. La aplicación de un IVA reducido a las tarifas eléctricas para el regadío, como disfrutan nuestros colegas regantes italianos, es una medida sencilla que podría aplicarse de forma rápida y con resultados eficaces. Tomarla sólo es cuestión de voluntad política y la aprobación de la Ley de la Economía Sostenible ofrece además la oportunidad idónea para ello. Ojalá que al final todas las partes sean capaces de llegar a un consenso, y las negras nubes, cargadas no de lluvias, sino de malos presagios, que hoy oteamos todos los regantes desaparezcan de nuestro campo.

Margarita Bustamante
Presidenta
Feragua



Lunes, 30 de Noviembre 2009





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